En poco tiempo, el SARS-CoV-2 pasó de ser un virus desconocido a provocar una infección en más de 775 millones de personas y ser responsable de más de 7 millones de muertes registradas en el mundo.
La pandemia de COVID-19 dejó algo muy claro: el planeta no estaba preparado. Sistemas de salud saturados, desinformación, desigualdades profundas, decisiones políticas tardías, falta de comunicación entre países, amplificaron el daño.
Ahora, COVID-19 empieza a considerarse como “parte del paisaje” en muchos países, pero la lista de nuevas amenazas sigue creciendo: mpo, gripe aviar H5N1, dengue, sarampión, tuberculosis, resistencia a antibióticos, Marburgo. No es casualidad: es el resultado de cómo vivimos, producimos alimentos, viajamos y tratamos al planeta.
La nueva evaluación del Global Preparedness Monitoring Board (GPMB) resume el desafío en tres palabras: adaptar, proteger y conectar. En este artículo exploramos lo que podemos hacer como individuos, empresas, organizaciones y gobiernos.
La próxima pandemia: no es si, es cuándo
Expertos en salud pública (incluidos investigadores de Harvard T.H. Chan School of Public Health) coinciden: otra pandemia es inevitable. Nadie puede decir con certeza que patógeno será ni qué tan grave, pero sí sabemos que:
- El cambio climático, la urbanización y los movimientos masivos de personas reconfiguran los mapas de riesgo.
- La mayoría de las enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas, es decir, saltan de animales a humanos.
- A la vez, siguen matando millones de personas cada año las enfermedades que han existido durante siglos como: tuberculosis, malaria, neumonías, diarreas, muchas de ellas son prevenibles. La OMS estima más de 1.2 millones de muertes por tuberculosis en 2024.
Y, al mismo tiempo, crece una pandemia silenciosa: la resistencia a los antimicrobianos (RAM). Solo en 2019, las infecciones causadas por bacterias resistentes estuvieron asociadas a 4.95 millones de muertes, y se proyecta que podrían causar hasta 10 millones de muertes al año para 2050 si no actuamos.
En palabras de muchos expertos, la pregunta ya no es “si habrá otra pandemia”, sino cuando y cómo llegaremos preparados.
Adaptar: aceptar que el riesgo cambió (y actualizar los planes)
El informe del GPMB propone el primer pilar: adaptar. No podemos usar los mismos planes de hace 20 años para un mundo que ya cambió.
Existen nuevas formas de vivir, y por ende, nuevos riesgos. Los factores que aumentan el riesgo de brotes son:
- Deforestación y pérdida de biodiversidad: acercan la fauna silvestre a humanos y animales domésticos, facilitando el salto de patógenos (“spillover”).
- Agricultura y ganadería intensiva: las granjas con miles de animales son ecosistemas ideales para que virus y bacterias se mezclen, muten y pasen a humanos.
- Movilidad global: en cuestión de horas, un virus puede pasar de un lugar remoto a una ciudad y de ahí al resto del mundo.
- Cambio climático: mosquitos que antes se limitaban a zonas tropicales ahora encuentran condiciones favorables en países templados; por eso ya vemos dengue y malaria autóctonos en lugares donde antes no se reportaban estos casos.
Adaptar significa que los países deben actualizar sus planes de preparación para incorporar todo esto: zoonosis, clima, movilidad, sistemas alimentarios, desigualdad y desinformación digital.
La vigilancia inteligente y local es crucial. El GPMB y múltiples autores en The Lancet señalan que la clave no es solo la obtención de datos sino tener sistemas de vigilancia que detecten rápido y respondan localmente. Después de COVID-19 se han impulsado:
- Secuenciación genomica para detectar variantes de virus.
- Vigilancia de aguas residuales para anticipar brotes.
- Centros de modelado y pronóstico como el CDC Center for Forecasting and Outbreak Analytics, para traducir datos complejos en recomendaciones concretas.
Pero la lección es clara: la salud pública es local. No es suficiente el “big data”; los modelos deben incorporar la realidad de cada país y dentro de este, de cada comunidad.
Proteger: sistemas de salud fuertes, resilientes, edificios sanos y confianza social
El segundo pilar es proteger: fortalecer las defensas de las personas y sus comunidades, no solo frente a los microorganismos, sino frente a las consecuencias socioeconómicas.
Los países con atención primaria sólida y redes de protección social enfrentaron mejor la crisis del COVID-19.
Proteger implica que los sistemas de salud tengan personal suficiente, bien pagado y capacitado. También, requiere que los centros de salud y hospitales puedan incrementar su capacidad en emergencias. Los programas de apoyo económico y alimentario deben ser robustos para que la gente pueda quedarse en casa cuando está enferma sin caer en pobreza. Por ejemplo, existen intervenciones de apoyo nutricional para pacientes con tuberculosis. Estas han tenido un impacto similar al de las mejores vacunas en reducción de enfermedad en ciertos contextos.
Otro de los aprendizajes más claros de COVID-19 es que la mayoría de los contagios de los patógenos respiratorios ocurren en interiores. Expertos han insistido en que la ventilación y filtración del aire son herramientas centrales de prevención, no detalles secundarios.
Proteger impica:
- Mejorar la ventilación natural y mecánica en escuelas, transporte público, oficinas, hospitales y casas.
- Usar filtros de alta eficiencia (HEPA) donde sea necesario.
- Integrar estándares de calidad del aire interior en códigos de construcción.
Proteger es una inversión que sirve haya pandemia o no. Reduce infecciones respiratorias, ausentismo escolar y laboral, y mejora la productividad.
La OMS y la ONU han advertido que cada pandemia viene acompañada de una “infodemia”: un exceso de información, mucha de ella falsa o engañosa, que dificulta que las personas tomen decisiones informadas.
- Rumores sobre vacunas.
- Teorías conspirativas.
- Desconfianza hacia gobiernos y autoridades sanitarias.
Expertos señalan que recuperar la confianza requiere comunicar con transparencia y humildad, trabajar con líderes comunitarios, escuelas, plataformas digitales, empresas e invertir en alfabetización en salud desde la infancia.
Conectar: ciencia, gobiernos, empresas y sociedad civil en el mismo lado
El tercer pilar del informe de GPMB es conectar. Ninguna institución, país o disciplina puede manejar sola una pandemia.
La colaboración internacional debe ser real y no solo discursos. Durante COVID-19 sí existieron momentos de cooperación, pero también de nacionalismo, competencia por insumos, respuestas descoordinadas y retención de datos.
Bill Gates ha defendido la creación de un equipo global permanente de respuesta, el GERM (Global Epidemic Response and Mobilization): unas 3000 personas dedicadas a buscar botes, realizar simulacros y coordinar la respuesta global. La idea es dejar de improvisar cada vez.
Organizaciones como OMS, FAO y ONU impulsan el enfoque One Health, que integra salud humana, animal y del ecosistema. Esto significa que exista una vigilancia conjunta de enfermedades en humanos, animales y vida silvestre. También incluye la regulación de mercados de fauna y mejores prácticas de ganadería y políticas contra deforestación y degradación ambiental como forma directa de prevención de pandemias, no solo de conservación.
Conectar también implica que la ciencia no se quede en datos o en artículos o publicaciones, sino que alimente leyes, políticas públicas, presupuestos y programas. Los modelos matemáticos y la genómica se deben traducir en decisiones claras como cuando cerrar escuelas, donde realizar campañas de vacunación, como proteger a trabajadores esenciales, etc. Las comunidades tienen que ser parte de la solución, no solo receptoras de órdenes.
¿Y qué podemos hacer?
Este es un tema abrumador, el de las pandemias, pero hay muchas cosas que si están en nuestras manos y que la evidencia respalda:
- Vacúnate (tu y tu familia) según el esquema recomendado: las vacunas son una de las intervenciones más efectivas y costo-eficientes de la historia de la salud pública.
- No uses antibióticos por tu cuenta ni los pidas “por si acaso”: solo cuando un profesional de la salud lo indique.
- Quédate en casa si estás enfermo (sobre todo con fiebre o síntomas respiratorios) y, si debes salir, usa mascarilla.
- Ventila tu casa, oficina, salón de clase siempre que se pueda.
- Usa telemedicina para triage y seguimiento cuando sea seguro: esto evita salas de espera llenas y reduce la transmisión cruzada.
- Verifica la información antes de compartirla: prefiere fuentes como OMS, CDC, ministerios de salud o instituciones académicas.
Cada una de estas acciones puede parecer pequeña, pero juntas son la base de una cultura de prevención.
El papel de la telemedicina
La pandemia de COVID-19 aceleró la adopción de la telemedicina en todo el mundo. Esto no es solo un cambio de formato de consulta; es una herramienta estratégica de preparación:
- Permite atender la mayoría de los casos leves o moderados en casa, evitando saturar urgencias y hospitales.
- Facilita el seguimiento de pacientes con enfermedades crónicas, reduciendo su riesgo de complicaciones en futuras crisis.
- Genera datos (si se manejan de forma ética y protegida) que pueden ayudar a detectar patrones y brotes antes de que se vuelvan incontrolables.
- Ofrece educación en salud basada en evidencia a miles de personas, ayudando a combatir la desinformación.
Prepararnos no es opcional: es un deber moral y económico
Organismos internacionales, desde la OMS y la ONU hasta fundaciones filantrópicas como la Gates Foundation, coinciden en algo: intervenir en la preparación es mucho más barato que pagar el costo de una pandemia.
COVID-19 nos mostró:
- Qué tan rápido puede colapsar la economía global.
- Cuanto sufrimiento puede causar la interrupción de escuelas, trabajos y redes de apoyo.
- Como las desigualdades se traducen en vidas perdidas.
La preparación ante pandemia es:
- Un imperativo sanitario: salvar vidas.
- Un imperativo económico: proteger empleos, empresas y estabilidad.
- Un imperativo ético: que las personas vulnerables no paguen siempre el precio mas alto.
Adaptar nuestros planes al nuevo contexto, proteger de verdad a las poblaciones y conectar ciencia, gobiernos, empresas y ciudadanía es la guía o el mapa que tenemos hoy.
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