Introducción
La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa causada principalmente por Mycobacterium tuberculosis, una bacteria que afecta con mayor frecuencia a los pulmones, aunque puede comprometer prácticamente cualquier órgano del cuerpo. A pesar de ser prevenible y tratable, continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial. Según el Informe Global de Tuberculosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 se estimaron aproximadamente 10.6 millones de casos nuevos de tuberculosis y alrededor de 1.3 millones de muertes en personas sin VIH, lo que la convierte en una de las enfermedades infecciosas más letales a nivel global (WHO, 2024).
La tuberculosis tiene una fuerte asociación con determinantes sociales de la salud como pobreza, hacinamiento, desnutrición y acceso limitado a servicios médicos. Por esta razón, su control requiere no sólo intervenciones clínicas, sino también estrategias de salud pública y políticas sociales.
Transmisión y fisiopatología
La tuberculosis se transmite principalmente por vía aérea. Las personas con tuberculosis pulmonar activa pueden liberar partículas microscópicas que contienen M. tuberculosis al toser, hablar, cantar o estornudar. Estas partículas, denominadas núcleos de gotitas, pueden permanecer suspendidas en el aire durante periodos prolongados y ser inhaladas por otras personas.
Una vez inhalada, la bacteria puede llegar a los alvéolos pulmonares, donde es fagocitada por macrófagos. En individuos inmunocompetentes, el sistema inmunológico puede contener la infección formando granulomas, lo que da lugar a tuberculosis latente, una condición en la que la persona está infectada pero no presenta síntomas ni transmite la enfermedad.
Sin embargo, aproximadamente 5–10% de las personas con infección latente desarrollarán tuberculosis activa en algún momento de su vida, especialmente si presentan factores de riesgo como:
Infección por VIH
Diabetes mellitus
Desnutrición
Tabaquismo
Tratamientos inmunosupresores
Edad avanzada
Cuando el sistema inmunológico no logra contener la infección, la bacteria se multiplica y produce enfermedad activa, con destrucción progresiva del tejido pulmonar o afectación extrapulmonar.
Manifestaciones clínicas
Los síntomas de la tuberculosis activa suelen desarrollarse de forma gradual durante semanas o meses. Los signos y síntomas más frecuentes incluyen:
Tos persistente por más de 2–3 semanas
Expectoración, que puede contener sangre (hemoptisis)
Fiebre, especialmente vespertina
Sudoración nocturna
Pérdida de peso involuntaria
Fatiga y debilidad general
Dolor torácico
Aunque la tuberculosis pulmonar es la forma más común, también puede presentarse en otros órganos, lo que se denomina tuberculosis extrapulmonar. Las localizaciones más frecuentes incluyen:
Ganglios linfáticos
Pleura
Sistema nervioso central (meningitis tuberculosa)
Huesos y articulaciones
Riñones
Peritoneo
Estas presentaciones pueden ser más frecuentes en personas inmunocomprometidas.
Diagnóstico
El diagnóstico de tuberculosis se basa en una combinación de evaluación clínica, estudios microbiológicos y pruebas de imagen.
Las herramientas diagnósticas más utilizadas incluyen:
Pruebas microbiológicas
El estándar para confirmar tuberculosis es la identificación de Mycobacterium tuberculosis en muestras respiratorias, principalmente esputo. Entre las pruebas disponibles se encuentran:
Baciloscopía (tinción de Ziehl–Neelsen)
Cultivo microbiológico
Pruebas moleculares rápidas, como Xpert MTB/RIF
Las pruebas moleculares permiten detectar ADN bacteriano y resistencia a rifampicina en pocas horas, lo que ha transformado el diagnóstico en muchos países.
Pruebas para infección latente
Para detectar infección latente se utilizan:
Prueba de tuberculina (PPD o Mantoux)
Pruebas de liberación de interferón gamma (IGRA)
Estas pruebas indican exposición al bacilo, pero no distinguen entre infección latente y enfermedad activa.
Estudios de imagen
La radiografía de tórax sigue siendo una herramienta fundamental para detectar hallazgos sugestivos como:
Infiltrados pulmonares
Cavitaciones
Adenopatías hiliares
Tratamiento
La tuberculosis es una enfermedad curable, pero requiere tratamiento prolongado con múltiples antibióticos para evitar recaídas y resistencia bacteriana.
El esquema estándar recomendado por la Organización Mundial de la Salud para tuberculosis sensible a medicamentos incluye una fase intensiva y una fase de continuación:
Fase intensiva (2 meses):
Isoniazida
Rifampicina
Pirazinamida
Etambutol
Fase de continuación (4 meses):
Isoniazida
Rifampicina
El tratamiento suele durar 6 meses en total, aunque puede variar dependiendo de la localización de la enfermedad y de la respuesta clínica.
Uno de los mayores desafíos actuales es la tuberculosis resistente a múltiples fármacos (MDR-TB), que requiere tratamientos más prolongados y complejos. En los últimos años se han desarrollado nuevos medicamentos como bedaquilina y delamanid, que han mejorado el pronóstico de estos casos.
Prevención y controlLas estrategias de prevención incluyen:
Diagnóstico temprano y tratamiento oportuno
Rastreo de contactos
Tratamiento de infección latente en personas de alto riesgo
Vacunación con BCG
La vacuna BCG (Bacillus Calmette–Guérin) se administra en muchos países al nacimiento y protege principalmente contra formas graves de tuberculosis en la infancia, como meningitis tuberculosa y tuberculosis miliar.
Sin embargo, su eficacia para prevenir tuberculosis pulmonar en adultos es variable, por lo que el control global de la enfermedad depende principalmente de estrategias de salud pública, detección temprana y acceso a tratamiento.
Conclusión
La tuberculosis continúa siendo una de las enfermedades infecciosas más importantes a nivel mundial, especialmente en países con desigualdades socioeconómicas. Aunque es prevenible y curable, su control requiere sistemas de salud sólidos, diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado y estrategias integrales de salud pública.
Los avances recientes en diagnóstico molecular y nuevos tratamientos para tuberculosis resistente representan progresos importantes. Sin embargo, alcanzar los objetivos de eliminación propuestos por la Estrategia End TB de la OMS requerirá fortalecer los programas de control, mejorar el acceso a servicios médicos y abordar los determinantes sociales que favorecen su transmisión.
Bibliografía
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